Mis mañanas al espejo

(Sicóloga)

-Alegría, respira. Necesitamos concentrarnos. Tenemos que llegar al momento de tu vida donde te sentiste violentada en pensamiento. Si quieres liberarte de ser reactiva con la gente a tu alrededor tienes que liberarte de tu pasado. Ya no eres una niña.

Piensa en el primer recuerdo que se venga a tu mente. Cierra los ojos y vívelo como espectadora. Inhala y al exhalar dime lo que ves.

Respiro lentamente, mi caja torácica se infla y mis costillas y vientre se expanden. Llega el recuerdo y exhalo con hastío.

Son las 6:30 de la mañana, lo sé por que mi papá siempre me despierta todos los días para ir a la escuela con la precisión de un reloj despertador, sólo que en vez de una alarma chillante, en cambio soy publico de su fiel y esforzado ritual matutino.

Duermo con la paz con la que una niña de 8 años lo hace, siento de memoria y veo con los ojos cerrados lo que va a suceder después de escuchar que mi padre entra a mi cuarto.

Con mucha delicadeza prende la luz poco a poco, realmente se da su tiempo en llegar hasta el resplandor máximo, luego limpia su garganta con un carraspeo y comienza su tonada con la misma entonación de siempre. Nunca desafina y jamás le modifica el tono, y siempre, no importa su humor del día, lo canta con la misma dosis de inspiración.

-Buenos días muñequita; ya es hora de levantarse, ya canto el gallito Kikiri kiii kikiri kiii,

Escucho sus zapatos rozar la alfombra mientras se va acercando a mi cama.  Mi ojo derecho también tiene un hábito matutino. Se despierta antes que el izquierdo.. al otro le lleva cinco minutos más. No lo puedo evitar, aunque me frote los ojos con delicadeza o con  fuerza. Ya me canse de desafiarlo, simplemente lo acepto como uno más de mis defectos.  Enfoco mi Univisión a sus caderas y las veo moverse de un lado al otro mientras tararea a un ritmo acelerado la Obertura de Guillermo Tell – Rossini.

Después, decide llevar su orquesta bucal a mis mejillas para terminarla con un chasquido de besos.

Hoy se puso su loción horripilante de frasco verde redondo que huele a madera (el aroma me remonta a la casa de viejitos abandonados).  Me doy cuenta que hoy no se rasuró;  eso me dice lo que pasó la noche anterior. Se peleó con mi madre. A pesar que no veo el futuro, puedo descifrar con precisión lo que viene en este próximo mes. Durante un mes mi padre va a ignorar a mi mamá. Un mes más en el que la romántica frustración  de mi madre va a golpear a sus dos hijos para desahogar la frustrada pasión que la aqueja por no tener un matrimonio perfecto. Aún culpo a mi madre por no ver de la misma manera en la que yo veo a mi papá.

Aún no entiendo la complejidad que implica el amor, una relación, las pasiones o mejor dicho la negada aceptación de que lo que un matrimonio de 11 años implica.

Ese pensamiento cambia mi humor matutino a uno gruñón y desahogo mi frustración en reclamo cuando siento cómo guillotinas recorren mi mejilla por sus vellos faciales

Mi grito de dolor es un gruñido en forma de reclamo

-Ya papá, me raspas! Me prometiste que ya no te ibas a poner tu loción antes de despertarme!

En seguida hago un esfuerzo solemne para abrir mi ojo izquierdo.

-Perdóname muñequita, se me olvidó. Ya te hice tu licuado de plátano, te espero abajo.

Al escuchar hablar de comida se viene un reclamo más a mi mente.

Papá –le digo antes que salga de mi cuarto.Te comiste mi dona de chocolate ayer verdad?

Con una sonrisa picara y haciéndose pasar por un incrédulo me contesta

-Yo? ¡Cómo crees muñequita! ¡Ay ese ratoncito, otra vez se comió tu dona?!

Como le puedo discutir eso a papá? Dejaría en evidencia que ya no soy tan inocente como el cree que soy. Me entra un pánico horrible y me le quedo viendo titubeando mi respuesta, no se me ocurre nada y simplemente suspiro.

Mi padre se da por satisfecho, ríe y sale de mi cuarto.

-Papá! Cierra la puerta con seguro!

Asoma su mano y su cabeza por la puerta, aprieta el botón del seguro y la cierra tras de él.

Me estiro esforzadamente tratando de apresurar mi crecimiento con la esperanza de crecer 5 cm más que mi hermano mayor a ver si así me respeta y doy un brinco fuera de la cama.

Mi uniforme reposa con una promesa de sufrimiento en mi silla mecedora, que la muchacha acomoda todas las noches. Lo veo con desprecio, otro día mas…

Si voy en 2do de primaria, me quedan… muevo mis dedos uno a uno hasta llegar a diez.

No sé, para la frustración de todos y más específicamente de mis nalgas que sufren mensualmente un castigo por reprobar en la escuela, aún no entiendo de matemáticas…

Me dirijo a mi cajonera y abro el cajón más cercano al piso casi al limite de salirse por completo, el segundo cajón lo abro también pero un poco menos y el tercero igual con unos centímetros menos al de abajo. Es mi escalera para llegar al ultimo y más alto cajón donde están mis calcetines.

Saco un par de calcetines y unos calzones Baby Crazy con moño en medio.

Son nuevos, lo sé por su blancura y por que aún no tienen el hoyo en medio en evidencia al tijeretazo que les di para quitarle semejante cursilería de moño.

Lucho todos los días contra los rosas y la crinolina que mi mamá me obliga a usar para parecer burguesa y lo único que yo quero es ser hombre. Los hombres son más felices, estoy convencida.

Eso sí, lo único que deseo con gran pasión y lo único que considero portable de la femineidad son los pechos.

Me coloco frente al espejo y veo el reflejo de mi horrible cara con cabellos parados y electrizados.

De donde saca mi papá que soy una muñequita? Me cuestiono mientras tomo los dos pares de calcetines que la muchacha dobla en bola y me los coloco simulando pechos.

Esto me hace liberar la cosa mas aterradora en mi. Una sonrisa de dientes amontonados asimétricos y con encías hinchadas.

Decido fijar mi mirada en mis nuevos atributos. Me pongo de perfil y admiro mis pechos hechos de calcetín; mis futuros próximos centímetros son de gran importancia, de hecho serían mi única salvación. Una vez escuché a mi mamá decirle a su amiga que los hombres no ven a los ojos, sólo ven los pechos. Y en esto encuentro mi salvación y mi esperanza… cualquier cosa que los distraiga de mi cara. Si las tengo grandotas así sí me voy a poder casar.

Escucho cómo mi puerta se azota contra la pared agresivamente. Doy un brinco de el susto. No me asusto por el trueno violento. Brinco espantada por la vergüenza.

Mi hermano, un pendejo, me esta viendo mientras sostiene unas tijeras que forzaron el seguro para abrir mi puerta, me mira anonadado. Sus orejotas  de Dumbo se levantan junto con su sonrisa, como el publico lo hace al ver un excelente espectáculo.

-¡Ha ha ha ha! Avienta de su boca cual látigo para domar al león.

-Pinche india! Eres como una tabla! Plana por delante y plana por detrás…

Sentí mi cuerpo hacerse chico, de nuevo a mi edad 8 años y lo que en mi imaginación eran los pechos mas hermosos, en ese momento se convirtieron en motivo de vergüenza. Había algo que sí crecía a velocidad luz dentro de mí; un coraje que incendiaba mi vientre y subía como fuego por mi esófago, mi laringe y quemaba cada nota de pudor en mi lengua para por fin expulsar mi ira.

Dejé salir de mi boca lo innombrable.

-Pinche puto pendejo! Largarte de mi cuarto carbón! Mamá – exclame alargando la ultima como la fé de que el eco marchara velozmente a los oídos de mi madre.

Él, ante mi amenaza en acusarlo se acerca subiendo el brazo que sostiene las tijeras amenazante. Yo me encorvo y cubro mi cabeza por mero instinto.

Mi hermano toma mis cabellos mientras tira con fuerza arriba para obligarme observar su traumada mirada.

-Muy bien pendeja, con que me tengas miedo me basta! Me mira fijo a los ojos y puedo ver como las venas de su esclerótica se hinchan opacando la blancura del ojo.

Huelo su boca, su aliento huele amargo… es insecticida, duele más que sus manos jalando mi melena.

Me pongo verde del asco.

Antes de que pueda manchar su cara con mi vomito proyectil se escucha el grito enervante de nuestra madre

-Cuento a tres para que vengas  Ramón!

Lo miro Victoriosa

El suelta mi melena, me pone las tijeras en la yugular y suelta su ultima amenaza

-Esto no se acaba aquí Alegría.

Sale presuroso de mi habitación.

 

@Tdetila

 

 

 

 

 

 

 

 

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