La metamorfosis de Tin man

Recuerdo un día que me monté a un Uber y me preguntó que música quería escuchar. Me enternecí con la idea de que ellos siempre están buscando complacer a la gente con la música, el aire, la botellita de agua; así que decidí que yo quería consentirlo. Me conecté vía Bluetooth  a su estéreo, respiré hondo y traté de adivinar la música que inspiraría al chofer.

Íbamos bastante lejos, así que mi inspiración no encontró restricción alguna.
Empecé con Astrud Gilberto – Tú mi delirio.
Por un momento el efecto de eco en su voz cantando con el piano y los acompañamientos de fondo me llevaron a algún elevador de algún hotel de esos que regalan piña colada al hacer Check In. Sonreí.

Le siguió Buena Vista Social Club- Dos Gardenias. Nos fuimos a Cuba y bebí un delicioso Mojito en mi imaginación. Me quité la hierbabuena que se atoró entre mis dientes y regresé a la realidad. El chofer no dijo una sola palabra, pero a ojo de buen cubero sabía que lo estaba disfrutando. Sus brazos se relajaron en el volante y su espalda hizo lo propio en el respaldo del auto; le subió dos rayitas al estéreo. Esta vez sin consultar su decisión.

De repente, los coches que se metían en el camino en vez de ser motivo de enojo por entorpecer el trafico se convirtieron en una bendición en el camino. Y es que cuando se comparte un buen momento, uno se aferra y no queremos que termine. Como decía Einstein para explicar este fenómeno:
“Cuando un hombre se sienta a lado de una chica bonita por una hora parece que fuese un minuto. Pero que se siente en una estufa caliente por un minuto y le parecerá más de una hora. ¡Eso es la relatividad!”.

En algún momento a mitad de camino, el único oyente de mi concierto interrumpió la canción – Quizás, Quizás de Nat King Cole; me miró por el retrovisor y me dijo:

-Me acaba de llevar a mi niñez y me siento feliz. Mi abuela escuchaba mucho esta música.
Continuó.
-Sabe, la música antes sí transmitía. Qué lastima!
-Bueno, interrumpí. La música sigue transmitiendo hoy en día, pero quizás no transmite lo que a usted le gustaría.
Pero sabe, me encanta la idea de que así como nosotros estudiamos la historia del arte: Desde las cuevas de la Prehistoria, el arte Griego, Gótico, el Romanticismo; que nos habla de su evolución o involución (como quiera verlo) de la moral y los valores, los parámetros de belleza, los encuadres tradicionales y cómo fueron cambiando. Cada lienzo escurre respuestas de cada época en la que fue pintado. ¡Imagínese lo que van a decir en 200 años de nosotros!.
En un artículo se publicaron los resultados de un estudio sobre la música del siglo XXI y notaron que la palabra que se canta más es : Yo! Hahahaha Fascinante ¿no?

El arte siempre va a ser testigo de la sociedad y sus corazones.
Y justo en esta reflexión, si se han nombrado épocas para describirlas; como la inquisición donde la iglesia quiso evitar a toda costa que la ciencia tomara relevancia y diera respuestas mas coherentes a la existencia. O el Renacentismo que rompe con esquemas del pasado donde la razón toma magnitudes extraordinarias. Y sus rezos son recitados con notas de Carpe Diem y Tempus Fugit. Donde la inagotable curiosidad de Leonardo DaVinci dejaba inconclusa sus obras y experimentos para saciar nuevas dudas a través de su estudio. ¡Dejándonos una probadita de su magnificencia!
Desde luego que cada siglo no queda exento de ser tocado con algunos bemoles.

Si hoy me tocara nombrar al Siglo XXI haciendo uso de mi pesimismo y corazón roto le llamaría: El Siglo al revés. Y para los que buscan armonía en el titulo tradúzcanlo al Latín.
Porque hoy por hoy me doy cuenta (sin afán de crítica y sin excluirme de la reflexión) que es más fácil abrir la cartera antes que abrir el corazón.
Es más fácil compartir los secretos de nuestro cuerpo, nuestra desnudez, lo que nos da placer; pero eso sí, a la hora de penetrar a las oscuridades del Facebook de quien nos gusta uno se da cuenta que la confianza sólo es carnal porque la de la vida personal ahí uno ya es parte del grupo del botón de “conocido/acquaintance” . No amigo.
Y así, uno lucha todos los días después de levantarse para no vestirse con su armadura impenetrable que espera como una promesa de salvación al alma.
A veces, cuando camino contemplando los arboles o perdida en mis pensamientos escucho un rechinido de metal y cuando volteo al piso me doy cuenta que ya traigo puestos los zapatos de hierro.

No me lo tomen a mal, soy muy agradecida con lo que tengo y con la gente que está en mi vida. Porque cuando encuentro seres que están conectados con su alma, que son coherentes y no hay filtros entre lo que su boca dice y sus acciones; cuando conozco a personajes transparentes que no son estrategas me aferro a ellos como un bóxer se aferraría a la pierna de un peatón.
Doy gracias por todos mis amigos que ya tienen mi mordida marcada de por vida.
Doy gracias al amante que se desnuda todo.
Doy gracias porque por instantes, puedo quitarme sin miedo mis zapatos con esas personas… y charlar y reír y llorar y quedarnos en silencio.

 

@Tdetila

Tdetilagris.001

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